viernes, 27 de febrero de 2026

Del campo al aula: 43 años formando agrónomos en la UV


Xalapa, Ver.- Ángel Enrique Núñez Sánchez, quien se desempeñó por 43 años como docente en la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Veracruzana (UV), ha combinado a lo largo de cinco décadas de trayectoria laboral, la cátedra con la producción agropecuaria y la gestión gubernamental. 

El especialista se formó como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Autónoma de Sinaloa, en una época en que los profesionales orientados al trabajo en el campo no eran tan comunes.  

En entrevista a Universo, compartió sus experiencias y vivencias entre cultivos y pizarrones, y describió los orígenes de una carrera que inició con escases de recursos, pero con vocación y compromiso.

¿Cómo fueron sus inicios en las Ciencias Agrícolas? 

Me formé en la Escuela de Agricultura de la Universidad Autónoma de Sinaloa y llegué al estado de Veracruz a mediados de 1970, contratado por la Secretaría de Agricultura para desempeñarme como extensionista agrícola –transmisor de conocimientos, tecnología y prácticas innovadoras a los productores rurales–, en el Valle de Perote. 

Posteriormente, me comisionaron a la zona de Vega de Alatorre para realizar experimentos de adaptación de variedades de sandía y chile jalapeño, aunque mis labores abarcaban campañas de vacunación de ganado, asesoría en cultivos de maíz y papa, y apoyo a 13 municipios alrededor de Xalapa.  

Mi ingreso a la Universidad Veracruzana se dio gracias a que me postulé en una convocatoria publicada en un diario local para impartir una experiencia educativa en la Facultad de Ciencias Agrícolas; posteriormente concursé por una plaza de tiempo completo, la cual obtuve, y me convirtió en el primer profesor de la entidad académica en alcanzar este logro.

¿Cómo era la Facultad de Ciencias Agrícolas en ese entonces? 

Era una escuela desconocida que no contaba con aulas ni laboratorios propios, y solicitaba espacios a otras entidades; sin embargo, tenía maestros con gran calidad humana y amplia experiencia profesional, pues la mayoría trabajaba en organizaciones vinculadas al campo, como el Instituto Mexicano del Café, la Comisión Nacional de Fruticultura y las secretarías de Recursos Hidráulicos, y de Agricultura y Ganadería. Incluso había profesores provenientes de países como Chile y Argentina. 

Los alumnos eran hijos de agricultores o ganaderos, sin muchos recursos, pero con gran madurez y compromiso. Las carencias materiales se compensaban con la entrega de docentes y pupilos.

¿Qué cambios ha visto en el campo mexicano y cuál es la importancia de formar buenos agrónomos ante ello? 

Los retos son enormes, hoy prácticamente no existe el extensionismo agrícola como antes, y dependencias que brindaban apoyo directo al campo, e iniciativas de reforestación, desaparecieron.  

Los estudiantes de agronomía encontraban empleo al egresar, lo que ya no ocurre. Ahora el alumno de esta disciplina debe buscar su propio espacio profesional, por lo cual necesita formarse con visión emprendedora y capacidad de adaptación.   

Además, el compromiso de los jóvenes era distinto, pues, aunque no contaban con apoyos ni becas, cuando se organizaban prácticas de campo, se gestionaba el permiso en algún rancho, los muchachos llegaban sin recursos ni transporte pagado, pero sí con un enorme interés por aprender.  

Existía el orden, compañerismo y mucha identidad en la carrera, e incluso en las famosas “quemas de sombreros” – realizadas en el fin de cursos-, los alumnos se reunían en un ambiente de respeto y celebración. Su entrega era transformadora.

¿Qué consejo brinda a las nuevas generaciones de agrónomos, ante los múltiples retos que enfrenta el campo mexicano en la actualidad? 

Después de 43 años como docente, aún me pregunto ¿Hacia dónde van los muchachos? Antes egresaban y se empleaban casi inmediatamente, pero hoy el panorama es distinto, por lo cual les aconsejo que generen sus oportunidades, se preparen con una visión amplia, innoven, y desarrollen proyectos que se adapten a las nuevas condiciones del clima y el mercado.  

El campo exige profesionistas capaces de producir más en menos superficie, con una responsabilidad ambiental y conocimientos técnicos sólidos.

¿Qué le significa haber elegido a la agronomía como forma de vida? 

Cuando decidí estudiar agronomía me sugirieron optar por carreras más redituables, consejo que afortunadamente no atendí; esta profesión me trajo a Veracruz y me permitió ser parte del nacimiento y consolidación de la facultad en la Universidad Veracruzana donde impartí cátedra más de cuatro décadas.  

Hoy, con egresados desempeñándose exitosamente en instituciones de México y el extranjero, veo que, pese a las limitaciones materiales, la voluntad y el compromiso hacen la diferencia. Ni el laboratorio ni infraestructura sofisticada forman al agrónomo, pues es el alumno quien asume el reto con pasión. 

Actualmente, la población continúa aumentando mientras los campos agrícolas disminuyen, lo cual obliga a preparar profesionistas capaces de garantizar alimentos abundantes y sanos. Aunque la agronomía muchas veces es infravalorada, es fundamental para la vida.
.
.