viernes, 20 de marzo de 2026

El fortín de Paso del Macho, ubicado en el camino militar Orizaba-Veracruz

El fortín de Paso del Macho. Fotografía de Sergio Vargas

Durante la etapa más intensa de la Guerra de Independencia de México, el control de las rutas comerciales y militares fue clave para el dominio del territorio. Mientras el camino de Xalapa a Veracruz contaba con una estructura de vigilancia más organizada, la ruta alterna entre Orizaba y el puerto jarocho permaneció durante años en condiciones precarias y con escasa protección estratégica.

Las características geográficas de este trayecto —más accidentado y menos apto para el tránsito de grandes contingentes— hicieron que, en un inicio, no se desarrollara un sistema defensivo sólido. Las fortificaciones que llegaron a levantarse respondieron a necesidades inmediatas del conflicto, más que a un plan militar estructurado.

Fue hasta 1817 cuando el virrey Juan Ruiz de Apodaca autorizó formalmente la creación de un camino militar en esta ruta. Esta decisión formó parte de su política de pacificación, basada en la creación de poblaciones de “indultados”: antiguos insurgentes que, tras recibir el perdón, eran obligados a establecerse junto con sus familias en colonias vigiladas por fuerzas realistas.

Como resultado de esta estrategia, se edificaron diversos puntos defensivos a lo largo del trayecto, entre ellos el fortín de Paso del Macho, considerado uno de los enclaves más representativos de este sistema.

El fortín de Paso del Macho: entre la historia y la incertidumbre

El origen del fortín de Paso del Macho ha sido motivo de debate entre historiadores y cronistas. La falta de documentación concluyente ha dado lugar a diversas hipótesis, incluso algunas versiones populares que atribuyen su construcción a tropas francesas durante la Intervención Francesa en México**.

Sin embargo, investigaciones académicas sugieren distintas fechas para su edificación. Algunas apuntan a que el fuerte pudo haber sido construido entre 1836 y 1837, mientras que otras versiones lo sitúan entre 1884 y 1886, describiéndolo como una estructura de mampostería de piedra caliza, con tres niveles y planta octagonal.

También existe la posibilidad de que estas referencias correspondan a diferentes etapas: una construcción original levantada por fuerzas realistas hacia 1818, y posteriores reconstrucciones o adaptaciones a lo largo del siglo XIX.

El ocaso insurgente y la consolidación realista

En los últimos años del conflicto independentista, la desorganización entre los grupos insurgentes debilitó significativamente su capacidad de resistencia. Las disputas internas impidieron la coordinación de esfuerzos, facilitando el avance de las tropas realistas.
Telefre de Corral Falso. Fotografía de Sergio Vargas.


En la provincia de Veracruz, esta situación permitió a los españoles recuperar posiciones estratégicas en regiones como Huatusco, Atoyac y El Chiquihuite, además de tomar bastiones considerados hasta entonces inexpugnables como Palmillas y Monte Blanco.

Paralelamente, en la ruta de Xalapa se impulsó un ambicioso proyecto de comunicación mediante telegrafía óptica, encabezado por el especialista Bonifacio de Tosta. Este sistema contemplaba estaciones en puntos estratégicos como el cerro de Macuiltépetl, El Encero y Cerro Gordo. No obstante, el proyecto fue abandonado al considerarse que la insurgencia estaba prácticamente derrotada.
Croquis del fuerte de Palmillas, 1817. Archivo Militar General de Madrid.

Un legado estratégico en el paisaje veracruzano

El camino militar Orizaba–Veracruz y sus fortificaciones representan un ejemplo claro de cómo la guerra moldeó el territorio y las dinámicas sociales de la región. Más allá de su función defensiva, estos espacios reflejan las estrategias de control, negociación y adaptación implementadas por el gobierno virreinal en uno de los periodos más decisivos de la historia de México.

Hoy, vestigios como el fortín de Paso del Macho permanecen como testigos silenciosos de un pasado marcado por la confrontación, la incertidumbre y la transformación del orden colonial.

** La teoría del origen “francés” de este inmueble puede descartarse gracias al testimonio de un soldado galo que, durante su estancia en Paso del Macho, escribió: “En el centro del villorrio y a la derecha del camino se veía una torre antigua convertida en 
atalaya desde la ocupación de aquel punto […] es una construcción española muy sólida que data del tiempo de la conquista”. 
Ángel de los Dolores Tiscareño, “De Veracruz a México. Por un 
zuavo”, en El Colegio de Guadalupe desde su fundación hasta nuestros días o Memorias de los acontecimientos contemporáneos que con él se relacionan, presenciados unos y recogidos otros de documentos oficiales y auténticos para servir a la historia de dicho establecimiento, t. iv, Zacatecas, Tipografía de El Ilustrador Católico, 1909, 
p. 146. Este texto es la traducción de Les bivouacs de Veracruz 
a Mexico, París/Leipzig, Jung Treuttel Libraire, 1865, pp. 66-67.
35 F. Muñoz Espejo, “Camino…”, op. cit., p. 221.
36 F. Muñoz Espejo, “Fortificaciones…”, op. cit., p. 42.
37 Archivo Histórico de la Sedena (ahsdn), exps. D/481-3 (1839) 
y D/481-3; Óscar Anaya Barrán, Paso del Macho: ¿olvidado por la 
historia o mudo testigo?, Paso del Macho, s. e., pp. 9-10.
38 aGn, Obras Públicas, c. 5167, f. 1, “Proveeduría de las villas, 
Córdoba, 24 de septiembre de 1818".
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Supuestos restos de la fortificación del cerro de Monte Blanco. (Foto: Sergio Vargas)